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[4/1/2010 08:01]

El pasado 12 de diciembre los sindicatos dejaban finalmente oír su voz. Y, como estábamos por demás seguros, sus quejas fueron fiel reflejo de una interesada equivocación. Las centrales sindicales erraban voluntariamente el blanco culpando a los empresarios de la rampante destrucción de empleo cuando -como el Partido Popular viene anunciando desde años atrás- el único y máximo responsable es el Gobierno del PSOE con José Luis R. Zapatero a la cabeza.

Si el Partido Popular hubiera estado al frente del Gobierno y hubiese llevado el frenético ritmo de destrucción de empleo que lleva el Gobierno del PSOE (algo, por otro lado impensable), los sindicatos UGT y CC.OO. ya habrían convocado a estas alturas no una tímida manifestación animada por el “Gran Wyoming”, sino diez o doce huelgas generales salvajes. Y eso sin exagerar. Probablemente habrían pedido la cabeza del Presidente del Gobierno de turno y nos habrían culpabilizado de todos los males del País, pasados, presentes y futuros.

Seguramente tendrían razón pues el culpable de todo este desaguisado económico que estamos viviendo es sin duda el Gobierno, pero en este país quien gobierna -al menos quien dice que lo hace- es el PSOE. ¿Será por eso que los corderos (sindicatos), guardan silencio? Yo creo que si. Cuando Gobierna el PSOE los sindicatos balan dulcemente. Cuando lo hace el PP convocan huelgas generales. A eso yo lo llamo sectarismo, parcialidad, conformismo, docilidad, y, sobre todo, desvirtuar la tarea que tiene encomendada, y considero importante, que es la defensa de los derechos de los trabajadores y trabajadoras.

¿Quiénes son los verdaderos responsables? El intervencionismo. No ha fallado el mercado, sino la intervención y la regulación, en definitiva el Estado (conceptos que nadan a sus anchas en el caos del “ideario” económico socialista) porque el mercado que ha originado la crisis financiera internacional ha sido el más regulado, el que tiene una intervención unilateral del regulador: el mercado del dinero.

Las gigantescas inyecciones de dinero de los años pasados no han hecho más que subir los precios e inflar artificialmente los activos inmobiliarios y cuando el Gobierno ha fallado en sus regulaciones de mercado la burbuja ha reventado en mil pedazos y la crisis ha alcanzado -como vaticinó el PP- la economía real del bolsillo del ciudadano y la ciudadana y se ha llevado por delante más de dos millones de puestos de trabajo y las cuentas, que no terminan de salir, del subsidio de desempleo.

Mientras el Gobierno del PSOE se preocupaba más en remover la Historia que en  reformar en profundidad la estructura económica, y en presumir de que la crisis era más benévola con España que con el resto de nuestros socios europeos, perdió la oportunidad de emprender el camino correcto y hoy su recuperación está a años luz de la del resto de la UE. Ser el país que más empleo destruye y con el doble de parados que la media de la Unión, seis veces más que Holanda -con el mercado laboral más flexible de la UE- avala el sombrío diagnóstico económico.

No son los empresarios los culpables de la crisis. No son los “ricos” los que han empobrecido al País. Empresarios, operarios y “ricos” se han visto inmersos en un caótico planteamiento económico socialista que ha buscado soluciones en el gasto público desmedido, el subsidio y el paro de larga duración en vez de lo evidente, la flexibilización del empleo, un concepto que las centrales sindicales manipulan interesadamente al identificarlo como “abaratamiento del despido”.

No se trata de abaratar despidos, sino de eliminar las barreras que impiden la contratación. No se trata de negar prestaciones, sino de crear puestos de trabajo; no se trata de menoscabar los derechos de los trabajadores y trabajadoras sino, precisamente, garantizarles su derecho fundamental a un puesto de trabajo.

Los sindicatos gritaron el 12-D contra los empresarios, contra los ricos, pero balaron dulcemente para no interrumpir el sueño suicida del Ejecutivo. Comisiones y UGT olvidaron interesadamente hablar del intervencionismo mientras sonreían  seráficamente ante el desmedido gasto público. Los sindicatos olvidaron intencionadamente que, precisamente Madrid, que aplica políticas liberales, bajada de impuestos y liberalización de la economía, es una de las comunidades españolas que mejor resiste la crisis.               

Ya sabéis que estoy como siempre a vuestra entera disposición.

 
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